

En este blog encontrarás información y podrás opinar sobre Cine y Medicina y sobre la aplicación del séptimo arte en la docencia de Ciencias de la Salud.
El Día Mundial del Asma se celebra cada año el primer martes de mayo, así que este año (2017) lo celebramos hoy. El objetivo es crear conciencia sobre el cuidado de esta enfermedad en todo el mundo.



Hoy dentro del ciclo de Alfred Hitchcock vamos a hablar de la película Yo confieso. Os recomiendo que veáis primero la película porque en este post os vamos a revelar los entresijos del filme y a descubrir aspectos clave.
En muchas películas del mago del suspense la culpa recae sobre algún personaje inocente, como ya hemos visto anteriormente en este ciclo en títulos como 39 escalones o Inocencia y juventud, o en otros títulos de los que hablaremos en el futuro como Sabotaje, Atrapa a un ladrón, Crimen perfecto o Con la muerte en los talones. 
Hitchcock tuvo muchas dudas sobre quién debía interpretar al protagonista de esta historia, pensó en algunos de sus actores fetiche como Cary Grant o James Stewart, pero ambos rechazaron el papel, y al final fue Monty Clift quien dio vida al atormentado sacerdote. La relación director-actor fue algo tormentosa pues Clift llegaba bebido al rodaje, con los ojos vidriosos. Además a Hitch no le gustaba el Método del Actor's Studio que han seguido importantes actores como Marlon Brando, James Dean, Paul Newman o Monty Clift. Los actores del método consideran que el actor debe convertirse en el personaje para, de esa forma, ofrecer a los espectadores un retrato fiel. A menudo estos actores le preguntaban a Hitch cuál era la motivación del personaje en tal o cual escena, y él les contestaba cualquier cosa como "la motivación es llegar al otro lado de la habitación", con lo que seguramente les dejaría perplejos o decepcionados. Para Hitch era la cámara la que actuaba, por supuesto adecuadamente dirigida por el realizador. Cuando pronunció la famosa frase, generalmente mal interpretada "los actores deben tratarse como si fueran ganado", se refería a que utilizaba a los actores como objetos, igual que un artista pinta un bodegón, y que él les otorgaba un sentido con su cámara.
El actor da vida a un sacerdote austero, contenido, silencioso, un silencio que nos recuerda a cada momento que debe callar, que no puede revelar lo que Keller le contó en el confesionario. Pero aunque hable poco, a través de actitudes y miradas el actor y el director logran transmitirnos los sentimientos y pensamientos del atormentado sacerdote.






